Atardecer en las salinas

Formas de sal
Formas de sal

Esa tarde en un impulso decidí hacer una visita a las Salinas de Torrevieja, era una localización que tenía en mi agenda desde hace mucho tiempo.

El viaje suponía 500 Kms ida y vuelta, eran las tres de la tarde y calculé que recorrer esa distancia con mi viejo Ford Fiesta del ’90 me costaría alrededor de tres horas. Antes de partir consulté The Photographers Ephemeris y vi que ese día el sol se pondría a las 20.27h. lo que me dejaba un margen de apenas dos horas y media para reconocer el lugar, buscar una composición y preparar el equipo.

Tardé más de lo previsto en cruzar la ciudad de Valencia por culpa de unas obras así que en lugar de llegar a Torrevieja sobre las 18.00h lo hice casi a las 19.00h. Afortunadamente resultó fácil aparcar y dejé el coche muy cerca del camino de entrada que se encontraba a apenas 10 mts. de distancia. Rápidamente descargué el equipo y me puse en marcha.

El camino a las salinas es de acceso restringido pero por lo marcado que estaba el sendero se me antojó que era muy transitado. Con la conciencia tranquila (en estas situaciones siempre pienso que es más fácil pedir disculpas que pedir permiso) empecé a recorrer la senda, que transcurría paralela y pegada a la valla que rodea las salinas, buscando un punto por donde atravesarla. Después de andar apenas un centenar de metros lo encontré y era más grande de lo que esperaba, casi tan grande como una puerta. Rápidamente crucé el umbral y seguí el sendero que conducía hasta la orilla del lago; el tiempo apremiaba.

Cuando llegué a la orilla me pareció estar en otro planeta. La sal se acumulaba a lo largo de toda la orilla de forma y manera caprichosa alternando entre tonos blancos y rosados. El agua estaba teñida de un color rosa pálido que en las zonas secas se hacía más rojizo. El responsable de este color es un alga que se desarrolla en ambientes salobres. Entusiasmado con lo que veía empecé a recorrer la orilla intentando familiarizarme con el nuevo entorno al mismo tiempo que buscaba una composición.

Algo que me preocupaba desde que llegué eran las persistentes rachas de viento que agitaban el agua, de seguir así, los reflejos quedarían descartados aunque generalmente a medida que el sol desciende y se acerca el ocaso los vientos tienden a amainar.

Lo positivo era que el cielo estaba limpio y salpicado de nubes, sin esa calina que lo enturbia todo y que es tan frecuente en los meses de verano… el atardecer prometía. Ahora tan solo tenia que buscar un buen encuadre, nada fácil cuando no se conoce el lugar y apenas se tiene tiempo.

En una de mis idas y venidas a lo largo de la orilla me llamó la atención una acumulación de sal rodeada por apenas un dedo de agua que tenía un tinte rojizo muy bonito, de ella partían ramificaciones de sal parecidas a venas que brillaban reflejando la luz del sol que justamente se estaba poniendo detrás. Pensé que sería interesante componer colocando el sol justo tocando el horizonte, aprovechando esos reflejos cálidos en la sal y crear un diálogo entre los dos elementos: el sol y la formación salina con todas esas ramificaciones.

Era importante que el sol aún estuviera visible en el momento de la captura porque sin La luz del sol esos reflejos brillantes y cálidos desaparecerían y la imagen perdería fuerza. Por mi ubicación el formato vertical era el único que me permitía unir todos los elementos: sal, agua, sol y nubes. ¡Ya tenía mi composición!

Continuará…

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